Lírica

El canto del poeta,

La expresión profunda del alma,

Emociones a flor de piel,

Lírica…la ambrosía que se desliza por sus piernas…

Estaba emocionadísima, hoy iba a escuchar a uno de los grupos más top del momento, no te imaginas la excitación corriendo por mis venas, levantando los pelos, electrizando todo en su camino. Estaba absorta, no existía nada salvo esta noche, donde iba a conocer a mi ídolo.

Mi amiga trabajaba en el mundo de los eventos, sabía cuanto deseaba estar en el concierto de ese grupo, y me consiguió más que la entrada, la posibilidad de conocer a los integrantes del grupo.

Me puse unos pantalones cortos, vaqueros rotos y con hilos colgando por todas partes, una camiseta de Guns&Roses negra, y me revolví el pelo para después recogerlo en una coleta desaliñada.

Estaba hecha toda una rokera, amante de la musica oscura. Decidí usar lo justo de maquillaje, una fina línea negra que tatuaba mis ojos.

Igual debí ir más profesional, no tan apasionada, pero me daba igual, era mi noche, podía permitirme de vez en cuando perder la cabeza.

El estadio estaba lleno a rebosar, todos estaban expectantes mirando el escenario, esperando la salida del grupo.

Yo, era afortunada, miraba desde un recinto vip como el escenario empezaba a oscurecerse.

-Lisa, aquí estas.

Jena apareció entre la multitud abriéndose pasos a empujones.

Iba vestida un poco más formal que yo, pero tampoco mucho, ya que estábamos en pleno verano, y creedme, el verano desértico de la costa californiana era un infierno en tierra.

-Jena, esta a punto de empezar.

Se situó a mi lado mientras no paraba de hablar por su auricular, dando órdenes a alguien.

Yo me desprendí de la realidad, fijé mi vista en las luces que adquirían un tono rojizo sangre, vi como se llevaban a cabo las últimas comprobaciones de sonido y entonces….

El estadio estallo en gritos y aplausos que por un momento temí que no fuera a oír al grupo.

Los sonidos de la guitarra obligaron al público a permanecer en silencio, todos siguiendo como en un trance el movimiento de la mano tocando hábilmente aquel instrumento casi divino.

La voz que surgió emitida como un eco en la noche, hizo que todo mi cuerpo reaccionara con una violenta descarga sexual.

Suena raro, nadie se ponía cachondo escuchando música, pero esa voz consiguió que me pusiera nerviosa y sudara.

El escenario resplandeció emitiendo bolas de luz y humo, pero yo no podía dejar de mirar a la voz, podía seguir las notas musicales hasta llegar a una figura totalmente extraterrestre.

Sujetaba el micrófono mientras su garganta se esforzaba por emitir esos sonidos únicos.

Parecía un ángel oscuro, llevaba el cuerpo tatuado y el pelo le caía por la espalda, plateado como una capa.

Sentí como temblaba la tierra, el concierto estaba en su punto álgido.

El público gritaba, todos moviéndose al son de la música, algunos se restregaban con otros, tratando de capturar la magia de aquel oscuro hechizo musical.

La música cambio, dejo de ser grosera y estridente y cambio a otra lenta, una lírica, pura miel para los oídos.

Vi como se quitaba la camiseta y la tiraba hacía el público. Todos agitaban sus manos tratando de alcanzar, aunque fuese un pedazo de esta.

Alcance a ver el sudor bajar por sus músculos, era extremadamente sexy, y erótico.

Empecé a respirar casi suspirando.

Una luz roja se posó sobre el tatuaje de unas alas, y casi al instante desee poder explorar todos los tatuajes de aquel santuario.

– ¿Lisa, estas bien?

Yo estaba en mi propio concierto particular, sentí que solo cantaba para mí, como si yo fuese su única admiradora mientras sus manos recorrían cada línea de mi cuerpo.

Sentí unas manos agitándome.

-¿Lisa?

Volví de mi ensueño y miré a Jena.

– ¿El concierto acabó, quieres conocer al grupo?

Me atraganté y empecé a toser, el rubor subía a todo gas desde los pies hasta la cara.

-Sí.

-Pues venga, muévete, están como locos todos, no entiendo como puede gustarte esta música, y más aun este grupo-tiraba de mi mano mientras se abría paso entre la multitud-o sea, antes de subir al escenario los conocí, y no tienen nada de especial, salvo obviamente sus cuerpos y tatuajes.

Un hombre medio tambaleándose se cruzo en nuestra huida, y Jena le dio un empujo tirándole al suelo.

-Jena.

-Lo siento nena, esta gente ya está acabada, míralos, siquiera se sostienen en pie.

Llegamos al escenario a duras penas, y una cola de admiradoras me impedía conocer a mi grupo.

-Vaya, mira si son acaparadoras.

Jena suspiro desesperada y tiró de mi hacía la entrada trasera.

-Voy a buscar a Mike, tu entra y espera en la sala, conseguiré atraer a esos cantantes a ti, aunque tenga que empujar a toda esa fila de desesperadas fuera del escenario.

Sonreí, adoraba a Jena, y sobre todo adoraba su instinto protector.

Abrí la puerta y entre. El interior estaba oscuro.

Hacía frío y no pude impedir abrazarme los hombros mientras avanzaba hacía la creciente oscuridad.

Palpaba las paredes en busca de una luz, cualquiera, pero lo único que conseguí fue un encender un foco, este emitía una luz dorada sobre un escenario.

Avance despacio y me subí al escenario, de repente sentí una emoción extraña, siempre quise cantar, pero mis padres me lo impidieron, dijeron que no querían una hija fresca y liberal.

Toque el frio aparato por el cual salían tan increíbles sonidos.

Estaba encendido.

No se porque, pero una extraña emoción me encogió y empecé a cantar.

Me sumí tan profundamente en las notas que salían de mi boca, que apenas me di cuenta de que tenía un espectador.

Abrí los ojos alarmada, el sonido de un corazón desbocado era el único sonido en toda esa inmensa oscuridad.

-Bonita voz.

Era el, mi ángel oscuro. Y sonreía de una forma peligrosa mientras avanzaba hacía mí.

-Gracias.

De un salto se situó a mi lado.

-Me gusta mucho esta canción, no la había oído antes.

-Es mía.

Parecía sorprendido.

-¿Eres cantautora?

Me ruborice, nadie me había llamado así desde mi adolescencia.

-Lo era.

El no paraba de dar vueltas alrededor mía, como estudiándome.

-¿Y ahora no lo eres?

Sentí mis piernas temblar, este hombre erradicaba sexualidad por cada poro de su piel, lo podía ver escrito en cada movimiento de sus músculos.

-No, soy abogada.

– ¿Abogada? Interesante.

Seguía mirándome, o, mejor dicho, me abrasaba con la mirada.

-¿Puedo cantar contigo?

Me atraganté, empecé a toser como una desesperada.

El me abrazo, tratando de calmar la oleada de tos sin sentido.

-Supongo que sí.

Sonrió, hasta su sonrisa consiguió que sintiera mi punto inflamado, tenía que salir de ahí o no saldría con vida.

-¿Me permites?

Vi cómo se situaba detrás de mí y me abrazo las caderas.

-Creo que le falta sentimiento a esta canción, déjame guiarte.

Creo que conseguí balbucear un si entrecortado.

Empezó a moverme las caderas al son con las suyas. Sentí como la música salía de su garganta medio ronca mientras me incitaba a que canté.

Cerré los ojos y le seguí. La lírica salió disparada, como si estuviese contenida todo ese tiempo.

Cada una de las notas emitía pequeños destellos de luz.

El subió las manos hasta llegar a mi camiseta, despacio me la quito y la tiro a un lado.

Yo seguía cantando, por primera vez sintiéndome viva.

Empecé a moverme en una danza sensual, sentí que le estaba dedicando el baile más sensual de mi vida.

Me movía como una gata, restregando mis caderas contra su piel.

No me di cuenta de que no llevaba camiseta hasta que sentí su piel ardiente contra mí.

Su aliento me producía cosquillas por toda la columna, movía sus manos hasta el cierre de mi sujetador.

Yo gemí, fue un sonido tan profundo que las notas cambiaron su tono inocente a otro más salvaje.

No hacía nada, solo cantaba, sumida en el placer que recorría mi cuerpo.

Abrió el cierre dejando expuestos mis pechos. Sentí como se endurecía detrás mía mientras la dorada luz se reflejaba sobre mí.

Bajo las manos hasta mis pantalones, como si tocara su guitarra, desabrocho los botones.

Pequeñas descargas eléctricas hicieron que un líquido translucido bajara por mis piernas, convirtiéndose en oro por la luz.

Seguía cantando, con su voz y su cuerpo ocupando todas mis terminaciones nerviosas.

Deslizó su mano por la cara interior de mi muslo, sentí como se agachaba y con un suave lengüetazo lamio todo el río que bajaba por mis piernas.

Me estremecí, y las notas volvieron a cambiar de tono, ahora se tornaron oscuras, una melodía peligrosa, ronroneante.

Acariciaba cada parte de mi cuerpo obligándome a seguir el ritmo, mientras con una mano entraba en mí.

Grité, creo que era la nota más alta que salió de mi garganta.

Las sacudidas que me provocaba hicieron que me lanzara hacia adelante tratando de alcanzar la voz profunda de mi alma.

Su voz, tan firme, me sujetaba como un ancla, y me obligaba a seguir cantando.

Me deslice hasta abajo, contoneando las caderas, montando su mano.

Sentí su respiración contra mi cuello, dura, salvaje y picante.

Gire el cuello para darle un mejor acceso, y entonces estalle, estalle como un fuego artificial, solo pude ver notas doradas y oleadas de placer.

Lamio ásperamente mi cuello hasta la oreja y susurro.

-Esto es cantar. Siente la lírica de tu cuerpo.

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