Epifanía

Momento de sorpresiva revelación

Dioses, soy incapaz de concentrarme, llevo toda la noche intentando escribir dos líneas para acabar la maldita canción, pero nada, imposible.

Me metí varios porros de cannabis, unas cuantas rayas de cocaína, y nada, la imaginación no salía, era como si algo la bloqueara.

Había viajado hasta el profundo corazón de New Orleans para buscar los antiguos enigmas con los que los grandes compositores se inspiraban para escribir, pero nada, algunos decían opio, otros decían cannabis. He probado con todo, pero no podía acabar la maldita letra, dos frases, era la único que necesitaba, y saltaría a la fama como uno de los grandes.

Me desesperé, decidí dar una vuelta por las famosas calles, pasé por la Bourbon Street, y oh, el jazz sonaba en cada esquina, era parte del aire que respiraba, y miel para mis oídos.

Caminaba medio borracho por la atmósfera, medio borracho por el bourbon, una botella de Gran Reserva que adquirí en un pub, el mejor bourbon según algunos.

Estaba tambaleándome y bebiendo de la botella, y tarareando la canción que estaba escribiendo, en medio de un callejón.

No sabía donde estaba, me alejé del Bourbon Street, y el callejón estaba bastante oscuro, no había ningún amante del jazz tocando, soló una farola que daba pequeños destellos de luz en medio de la oscuridad.

Abrí y cerré los ojos, tratando de situarme, pero estaba demasiado borracho. Volví a beber un largo trago de la botella, y gran parte del bourbon calló en mi camisa de Ralph Lauren, estaba ya bastante desgastada, y ahora encima olía a alcohol.

-Fantástico.

Me dirigí tambaleante hacía la farola, y me senté en el bordillo de al lado. De nuevo tarareé mi canción, mientras mis párpados, igual de borrachos que yo, trataban de aguantar la poca cordura que quedaba en mi cuerpo, pero el último trago que le di a la botella los rindió por completo, sumergiéndolos en un profundo sueño.

El sonido de una trompeta me despertó de golpe. Abrí los ojos y sentí que ya no estaba borracho, es más, mi camisa estaba intacta. Ningún olor a alcohol, ni una mancha de bourbon, olía como a recién lavada.

Me levanté del suelo, y miré alrededor mío, la calle estaba llena de gente a rebosar, saxofonistas y amantes del jazz animaban las calles. Miraba asombrado la alegría que había en las calles y no reparé en un detalle, todo el mundo vestía muy raro, era como si estuviera viviendo los felices años 20.

Varias flappers iban riendo, sujetándose a un viejo gánster mientras se dirigían a un pub de donde el jazz resonaba muy fuerte.

Parpadee varias veces, me pellizque la cara para ver si estaba despierto, pero la escena seguía, estaba en los putos años 20.

Di un salto y pegué un grito de alegría, porque no me creía lo que estaba pasando. Varias personas me miraron desconcertados, pero después me sonrieron y me animaron a ir con ellos.

Obviamente no podía rechazar esta invitación, me uní a ellos.

-Vamos Scott, hoy va a tocar ella.

-Quién es ella? -pregunté yo con todo el morro.

-Oh, es una cantante de soul bastante famosa en New Orleans.

-Se llama Giselle.

Risas y risas sonaron, junto a un rubor que le subió al tal Scott al oír el nombre de esa mujer.

– ¿Una pregunta, en que año estamos?

Los 5 acompañantes me miraron extrañados, después sonoras carcajadas salieron de sus gargantas infectadas por alcohol y tabaco.

Una flapper, llamada Francesca, me contestó mientras una blanca nube salía de sus labios.

-Estamos en los felices años 20, la época dorada. ¿Cómo te llamas?

Me costaba respirar, eso no podía pasarme a mí.

-Me llamo Jack.

-Encantada, ahora vamos a ver cantar a la tal Giselle.

Me tendió la mano y entramos en el rebosante pub.

El interior era tal y como me lo imaginé durante toda mi vida, sillones de cuero rojo, flappers cada una con un vestido más tintineante que otro, gánsteres y empresarios fumando caros puros mientras los camareros llevaban vasos llenos de un líquido ámbar.

El escenario sonaba como desbocado, y la gente gritaba y bailaba, todo de película.

Me quedé en la puerta admirando la escena, lo que darían mis amigos para ver lo que estaba viendo yo.

-Vienes?

Francesca estaba siendo llevada por el resto del grupo hacía un reservado de la segunda planta, y me estaba llamando.

Salí de mi embobamiento y le di la mano, pasando entre sillones y mesas de mantel blanco.

Oh, madre mía, ¿ese era Al Capone?, no me lo podía creer, estaba soñando eso está claro.

Espera, y ese de ahí era Hemingway, madre mía, estaba rodeado de gente que nunca pensé que conocería, bueno, básicamente porque estaban muertos.

El reservado estaba bastante desgastado, pero olía a cuero viejo y a tabaco, como dije antes del caro.

Nos sentamos y el camarero empezó su ronda.

Estábamos hablando y gritando, cuando el tal Scott nos hizo una seña de que nos callásemos.

-Shh, ya sale.

Yo dirigí la vista hacía el escenario. La luz bajo varios grados, y todos se callaron, estaban esperando a Giselle.

Empezó a sonar un saxofón, lento, era tan bonito, me erizaba los pelos de la nuca. La luz estaba iluminando al saxofonista vestido de blanco, era todo un maestro, y yo tenía la posibilidad de verlo.

Al mismo tiempo, se unió una trompeta, cantaban al unísono, de igual forma, el trompetista estaba siendo iluminado por un foco de color rojo, de esa manera el traje blanco adquiría un toque rojizo.

Después una figura casi transparente apareció en el escenario. Un sonoro Wooow salió de la muchedumbre.

Estaba a punto de darle un trago a mi bebida, pero me detuve a medio camino al verla entrar en el escenario.

Vertí todo el líquido sobre mi camisa, cuando abrió la boca y empezó a cantar.

He visto gente cantando soul, he ido a varios conciertos, pero jamás había escuchado nada parecido, era pura magia lo que salía de esa boca.

Llevaba un vestido rojo brillante apretado al cuerpo, con una abertura en el muslo.

Me recordaba a Jessica Rabbit, puesto que llevaba el mismo escote, y unos labios rojos como la sangre.

Estaba hipnotizado, esa mujer era puro erotismo, apenas se movía, pero lo poco que hacía, aceleraba la subida del alcohol en mi organismo.

No se cuanto duró la actuación, puesto que apenas estaba consciente de nada.

-Donde está su camerino?

Francesca me sonrió y me indicó una puerta roja donde una estrella brillante iluminaba el nombre de Giselle.

Me dirigí como un zombi hacía esa puerta, pasando por las filas alborotadas de gente, un camarero incluso me grito porque casi pierde el equilibrio cuando pasé por su lado y lo empujé.

Nadie podía pararme, mi destino me estaba esperando.

Toqué varias veces en la puerta, estaba obsesionado sí, pero tampoco era un violador o algo parecido.

La puerta se abrió y apareció ella envuelta en un albornoz de seda rosa, largo hasta el suelo.

-Le puedo ayudar en algo?

Dios, estaba más buena de cerca.

-Em, quería hacerle unas cuantas preguntas acerca de su actuación.

-De qué periódico viene?

No podía pensar, bueno pensar si que podía, pero no con la cabeza precisamente.

-Times, New York Times.

-Pase.

Entré, el interior olía a perfume dulce y a maquillaje.

Me senté en un sillón de cuero rojo parecido a los que había a fuera, y ella estaba de pie mirándome.

-Usted no es un periodista.

-Qué?

Ella sonrío, esos labios prometían demasiado.

-No es un periodista.

-Como lo sabe?

Ella volvió a sonreír, bajo las manos hacía el cierre del albornoz y tiró de las cuerdas. Casi me da un infarto.

Llevaba puesto un sujetador negro sin tirantes, push up diría yo, ya que tener semejante pecho era imposible, analice como su pecho subía y bajaba, y después dirigí mi mirada abajo, unos pantis negros sujetados por unos ligueros negros enmarcaban unas curvas de muerte.

Andaba hacía mi casi deslizándose como una gata.

-No tiene la grabadora con usted, y tampoco un cuaderno donde aparecen las preguntas.

Yo apenas respiraba, es más, creo que me estaba mareando.

-Tengo la grabadora en mi bolsillo trasero.

Ella siguió avanzando.

-Y las preguntas?

-Las tengo en mi mente. -la voz me sonó casi gutural.

Llegó ante mí, apoyo ambas manos en los brazos del sillón mientras me plantaba los pechos en la cara.

Yo ya perdí el conocimiento, quise levantar las manos y agarrar sus pechos, pero ella me puso un dedo sobre los labios, y negó con la cabeza.

Me empujo contra el sillón, y empezó a desabrocharme el pantalón.

Mi cerebro pedía a gritos que reaccionara, pero es que creedme, era incapaz.

-Cuál es su primera pregunta?

¿Tenía que contestar? Porque creo que no me iba a salir siquiera una palabra, mi cerebro estaba muerto.

Salió disparada mi polla hinchada, y vi sus ojos iluminarse de deseo.

-Creo que tengo la respuesta para esta pregunta.

Se sentó a horcajadas sobre mí, se apartó las bragas y se metió la polla dentro, sí, como si nada, como si no estuviera ya muerto.

Empezó a moverse lento, estaba midiendo la longitud, para después cabalgarme como poseída. Subiendo y bajando, deslizándose sobre el miembro mojado de su esencia.

Estaba aletargado, ella me dominaba, estaba abatido, ella me sujetaba las manos para que no la tocara. Aunque no pudiera tocarla, mis ojos la devoraban viva. Seguí varias gotas de sudor que desaparecieron en el escote repleto.

Estiré la cabeza y lamí toda esa delicia. Vi como se estremecía al contacto con mi lengua, y no pare de chuparle las tetas. Metí la lengua por dentro del sujetador y noté sus pezones, estaban duros, no se como no han traspasado la tela.

Ella hecho la cabeza hacia atrás, gimiendo. Pero que espectáculo.

Si la muerte era así, quiero morir todos los días.

Sentí como sus rodillas temblaban, y también como sus pliegues se enroscaban alrededor de mi polla, el fin llegaba y bastante potente.

Me miró a los ojos cuando el orgasmo llego, pude ver el puto arcoíris junto a un apocalipsis de fuegos artificiales cuando lo alcanzó. Yo también acabe, quería más, pero tal y como me apretaba era incapaz, me succiono hasta la última gota.

Sonrió, y acercó su boca a la mía. No te creas que me besó, me lamio el labio inferior, acompañado de un pequeño mordisco.

Se levantó, colocándose las bragas y atándose el albornoz, mientras encendía un cigarrillo.

-Espero haberle ayudado señor.

Yo la miraba aun incrédulo, estaba tirado en el sillón con la polla deshinchada, respirando fuertemente.

-Créame, ayudar se queda corto.

Se acerco de nuevo hasta mí y me soltó una nube blanquecina, que por cierto no olía a tabaco, sino a vainilla.

-Tiene que despertar Jack.

Tosi, la nube se volvió más intensa, y yo traté de apartarla, pero nada.

Cuando me di por vencido, abrí los ojos y vi que estaba en el mismo callejón oscuro.

-Vaya mierda.

Fui a coger la botella y dentro había un papel flotando.

“Cuando la piel habla, la química no falla”

Me reí, como un loco borracho que era, había encontrado las frases.

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