Incandescencia

Luz producida por altas temperaturas

Me gusta el ron, me gusta un buen puro, pero sobre todo lo que más me gusta es visitar clubs nocturnos, ver a las stripers bailar y poner cachondo a todos los babosos que iban a verlas. Podía notar a nivel kilométrico la cantidad de pollas empalmadas, es más, algunos incluso se tocaban viendo como se movían sobre la barra, abriéndose de piernas, con poca ropa, era todo un espectáculo. Yo era agente secreto, me habían enviado a este club llamado Dolor y Placer, para buscar a un ladrón, y no cualquier ladrón, éste dejaba a sus víctimas atontadas perdidas, era como si perdieran la memoria a corto plazo, y después cuando se despertaban de su viaje astral, se encontraban en medio de una cuneta desnudos, la única ropa era un pintalabios rojo que señalaba la polla con un círculo gigante, y después unos labios, bueno, un beso en una nalga.

Al principio me pareció una estupidez, seguramente eran gente que le gustaba este rollo, que buscaba cierta aventura sexual, buscaba distraerse de la monotonía de tu encima y yo abajo, o cosas así. Sin embargo, me di cuenta de que este ladrón iba a por los más ricos, y no dejaba rastro que nos condujera a él, nada de nada.

Así pues, aquí estoy, sentado en un taburete del Dolor y Placer, tomando un ron bastante caro, y escuchando música de altas tonalidades, con poca luz, y muchos hombres.

Iba informal, mi jefe me dijo que me pusiera ropa de marca, que aparentara como un tío forrado vamos, pero que no me exceda.

No me iba mucho los clubs de stripers. Es más, en mis pocos o muchos, depende por donde se mire, años de vida, no he ido nunca, siquiera con mis amigos que babeaban por ir, pero bueno, siempre hay una primera vez.

Vi varias chicas, pero ninguna llegó a ponerme cachondo, siquiera se acercaba a despertar un mínimo interés. Iba ya por la cuarta copa de ron, el tercer puro, y nada, ninguna sospechosa.

Eran las 3 de la madrugada y yo ya estaba medio borracho. Estaba a punto de irme, ese club estaba abierto hasta las 5, así que perdí la esperanza de encontrar a mi sospechoso, o sospechosa, ya no se ni que decir.

Me levanté del taburete medio tambaleándome y me fui al baño. Ahí había varios tíos haciéndose pajas, otros metiéndose rallas de coca, y otros follando, no se, un caos total.

Vacíe todo el ron que pude y cuando me fui a lavar las manos, si era muy exquisito, uno que estaba al lado metiéndose la ralla, estornudó y todo el polvo blanco lo inhalé sin poder parar lo que hacía.

Perdí el equilibrio por un momento, me sacudí la nariz y estornudé varias veces.

De joven, hice mis locuras como todos, pero nunca llegué a probar la cocaína, asi que…no sabía que esperar.

Decidí irme de una, salí del baño y cuando iba encaminado a pagar la cuenta, toda la atmósfera cambió, la luz bajó más de lo normal, y la poca que había se centraba únicamente en el escenario. No había ninguna chica, y todos los hombres estaban expectantes, es más había más que en toda la noche, como si en cuestión de segundos el espacio se hubiera triplicado.

Cambio el ritmo de la música, y el color de la luz, se volvió roja, y tras las pesadas cortinas empezó a divisarse una pierna, brillaba junto a los tacones rojos como la sangre, después volvió a desaparecer, y en un abrir y cerrar de ojos las cortinas desaparecieron. Me quedé helado, petrificado, embobado, alucinado, y todas esas cosas cuando te quedas en shock.

Ante mi estaba la mismísima Lilith, el diablo encarnado, la mujer más sexy que había visto en mi vida.

Llevaba un antifaz negro que cubría sus ojos, los cuales pude apreciar que eran de color verde esmeralda, y los labios más sabrosos, rojos pero que iban en crescendo.

Me quedé con el dinero en la mano, mirando como se deslizaba en el escenario, llevaba un sujetador negro de encaje, pero sin ningún relleno. Pude apreciar sus pezones, éste estaba conectado por una fina línea negra hacía su parte de abajo, era como si llevara un candado hecho de hilos, que tapaban lo justo y necesario, pero que a la vez podías ver la gloria arder ahí abajo.

Me gustan los conjuntos sexys, pero este superaba mi imaginación, y para colmo, todo el conjunto se cernía o más bien se sujetaba a su cuello a través de una cadena negra, al igual que toda ella en su esplendor.

Empezó a moverse, deslizaba las manos por su cuerpo, y me miraba fijamente, era como si ese baile me lo estuviera dedicando única y exclusivamente a mí. Se acercó a la barra y empecé a perder cualquier pizca de cordura, se deslizaba por ella y pude ver el dolor y el placer todo en un mismo sentimiento, la impotencia de no poder hacer nada, sólo mirarla embobado mientras me torturaba con la barra.

Enroscó una pierna como si fuera una serpiente en la barra, mientras con la otra ofrecía una vista hacía su pecho, estaba perlado de gotitas de sudor, y entonces empezó a frotarse con la misma, me sentí uno más, puesto que sentía un dolor increíble que presionaba la tela del pantalón, pedía liberación.

Se alejó de la barra y yo me acerqué al escenario. Como en un trance, ella se deslizó en el suelo, como una gata, desemperezándose. Creo que podría correrme sólo viendo como movía el culo, pero no paró, siguió torturándome, se levantó y se acercó a mí, sus labios a escasos centímetros de los míos, me vino un aroma a alcohol, mezclado con drogas, pero también pasión y deseo.

Me empujó contra un sillón y tiró de mi corbata, estaba totalmente poseído.

Se enroscó la corbata a través del cuello, mientras se sentaba a horcajadas sobre mí, creo que notó lo hinchado que estaba, y lo fina que estaba su tela.

Entonces empezó a cabalgarme, despacio, presionando la zona candente. Estaba sufriendo un éxtasis, se quitó la corbata y me la puso en el cuello, sujetándose mientras echaba su cabeza hacia atrás y empezaba a deslizarse, arriba y abajo, me estaba follando con ropa, y yo sin poder hacer nada, subía y bajaba, el sudor brillaba en su cuerpo, mezclado con el polvo brillante del que estaba cubierta.

Se levantó, y se giró, empezó a bailar sólo para mí. Me cogió las manos y las posó sobre sus caderas, era como si la estuviera encadenando, y su única vía de escape era moverse entre mis manos. Me puso el culo en la cara, suspiraba, ese no era un baile, ese era tener el sexo más doloroso de mi vida. Perdí la noción del tiempo, sólo sabía que las temperaturas habían subido varios grados, el Sáhara se quedaba corto.

De repente solo estaba yo y ella, bailando, ella frotándose y yo suspirando por la penitencia que tenía que sufrir.

Perdí el conocimiento, no se si fueron las drogas, o las altas temperaturas, o quizás había muerto, no sé, entonces, abrí los ojos y el sol me estaba dejando ciego. Miré alrededor y vi que estaba en medio de la nada, tenía las manos esposadas, y no llevaba ropa, estaba desnudo.

Maldije entre dientes, y me fijé que estaba marcado al igual que las otras víctimas. Lo único era que mi placa de detective estaba en el suelo, y había algo escrito en ella con pintalabios rojo.

“Dolor y Placer” y un beso.

Me reí, había caído en la trampa al igual que todos, a excepción de que a mi lado estaba ella, mirándome sin antifaz ni nada.

Sonreía, sujetaba las llaves de mis esposas, me las tiró y se marchó.

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